Writing Portfolio_Magazine Fashion & Arts

chanel-desfile-cuba
Karl Lagerfeld desembarca en La Habana adelantándose al resto de las marcas en su intento por conquistar un mercado virgen para el lujo
MediaMagazine Fashion & Arts

Un crucero, para un habitante promedio de la isla de Cuba, es un buque lujoso cargado de turistas que dejó de anclar en tierra hace más de medio siglo. El lunes fueron testigos de su retorno con la reapertura de una ruta marítima de ocio desde Miami y el martes descubrieron que también tiene otro significado. Un crucero también se le puede llamar a la ropa francesa incomprensiblemente cara diseñada por un señor de pelo blanco, gafas de sol y catogán.

Chanel presentó el desfile del momento en el mítico Paseo del Prado de la Habana. De arquitectura colonial fue rediseñado en 1928 por el paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier y, casualmente, está custodiado por leones colocados sus costados, el animal fetiche de mademoiselle. Un cuadro singular, en plena resaca de la gala del Met, en un país donde no existe una estructura industrial de manufactura, clave para el desarrollo del negocio de la moda.

Karl Lagerfeld siempre encuentra conexiones allá donde se las soliciten. “Viva Coco Libre” tenía que ser a la fuerza irresistible para la gente de moda. Para muestra, el despliegue de más de 600 invitados, entre editores, clientes y celebridades que se trasladaron directo al Caribe con ganas de ver la historia escribirse ante sus ojos y dar fe con sus smartphones.

Con el restablecimiento de su diplomacia con los Estados Unidos y la visita del presidente Barack Obama a la isla, muchos analistas pronosticaron movimientos no solo en el ámbito político sino también en el económico y, sobre todo, en el cultural. Que el presidente Raúl Castro y los ministros consideren que los Rolling Stones son cultura y que sea posible que películas de Hollywood y actores como Vin Diesel filmen en localizaciones de ensueño muestra un cambio de paradigma.

El arte en cualquier rincón del planeta es sinónimo de cultura. A través de él las sociedades se expresan, plasman y comunican su identidad o su protesta. Aunque según Coco Chanel “la moda está emparentada con el arte por casualidad” y para el mismo Lagerfeld no deja de ser sólo “un arte aplicado”, la cultura es un eje indispensable para que tanto la moda como el lujo florezcan.

Sin embargo, pese a que las posibilidades son altas, no se debería especular tan rápido sobre una invasión de marcas americanas y europeas. Seguramente los conglomerados de moda tendrán que esperar. El sistema social cubano está basado en actitudes comunitarias, donde el sentido de la diferencia está mal visto desde una óptica política y está arraigada en todos los estratos.

Para que exista el lujo, es necesario que una parte de la población sea rica o, al menos, aspire a serlo. Dentro de los once millones de habitantes de la isla bien se podrían encontrar candidatos, de momento ocultos o sin muchos ánimos de destaparse de un día para otro pero la semilla del deseo, algo tan humano como respirar, está sembrada a la espera de sus frutos.

Quien se adelanta gana; la casa Chanel se ha posicionado como pionera, calificativo que en el pasado su fundadora tomó como estandarte. El desfile de Chanel podría suponer la primera perla que se cae del collar, aunque sea falsa. Euromonitor Internacional considera Cuba como uno de los veinte mercados del futuro para los productores de bienes de consumo. Aunque con un salario promedio de 25 dólares mensuales, poco se puede hacer para activar la maquinaria, aún siendo verdad que la sociedad cubana, sobre todo los jóvenes, tienen ya un conocimiento amplio sobre las grandes marcas internacionales.

“Traedme un Gucci o un Dolce & Gabbana” son algunos ejemplos de cómo funciona el estraperlo en el país. Generalmente, los productos se venden en casas particulares, de forma ilegal y sacados de maletas que viajan en vuelos internacionales. Es un método afianzado en la isla. No solo high fashion sino también marcas más comerciales como Zara, Nike, Adidas o H&M.

Pese a todo, las multinacionales no lo van a tener tan fácil. A pesar de las nuevas leyes para empresarios o ‘cuentapropistas’ y la apertura para socios de inversión extranjera, tendrán que recorrer pasos pequeños, empezando por el turismo a gran escala. Hipotéticamente, con su popularización, llegaría la red tecnológica incluido Internet, para después generar trabajo cualificado que no esté directamente relacionado con el gobierno. Y, a partir de ahí, será posible el retail reglamentado y libre operando bajo la ley de la oferta y la demanda.

El desfile crucero de Chanel ha ocupado las portadas de los diarios internacionales y los medios de comunicación generalistas, con mucho más espacio que un simple segmento bianual de moda como lo es la Alta Costura de París. Un retorno de inversión impagable, que cualquier diseñador o marca de moda, incluida Miuccia Prada y sus coetáneos, hubieran deseado. Quien da primero, da dos veces, y en esto Lagerfeld, como siempre, tiene su mérito.