Pasión por los desfiles: breve historia de las pasarelas.

Desfiles icónicos y momentos clave en la historia de las pasarelas. Cómo ha evolucionado un desfile y de qué forma dialoga con el presente.

En el post anterior hablé sobre la importancia del rito del desfile en la moda y su uso como herramienta de comunicación. En esta entrega, discutiré el origen y la evolución de la historia de las pasarelas desde un punto de vista histórico y social para entender, si cabe, su interacción con el espíritu del tiempo.

The fashion play.

El desfile de moda conceptualmente nace en el siglo XIX, en una especie de contexto escenográfico, social y urbano. Me gusta llamarlo «The Fashion play”, con Worth y la cultura instaurada del salón y Poiret, el primer gran PR de la moda.

Ambos potenciaron la presentación de las novedades in situ, es decir, que la clienta pudiese observar en directo cómo las prendas se verían en la realidad.

Poiret fue más allá, creando sets cuasiteatrales, fiestas de fantasía, momentos temáticos, nocturnidad y bohemia, célebre por gastarse una fortuna en sus saraos; Las mil y dos noches, es considerado un montaje legendario.

Entre el teatro, las carreras, la ópera, el ocio outdoors, un escenario perfecto para cocottes, aristocracia, artistas, burgueses y creadores.

Chanel potenció la idea de unir sus diseños al teatro para que calase en la clientela adecuada; Le train Bleu de Cocteau en 1922, por ejemplo.

Elsa Schiaparelli, con la colección Circus de 1938, prácticamente inventa el desfile-experiencia-performance, con su unión con las vanguardias y equiparar la moda como arte. El desfile con más pavoneo y más desenfrenado que había visto París.

Los ricos y la Costura.

La historia de las pasarelas continúa después de la segunda guerra mundial cuando llega la institucionalización de los desfiles. Con estructura tradicional, por cita previa, bianualidad de las presentaciones y las casas de costura como anfitrionas en sus salones exclusivos.

Clientela privada agolpándose en sus espacios, por ejemplo la colección Corolla de Christian Dior de 1947.

En esos desfiles daba igual que fueses Marlene Dietrich, igual te tocaba arremolinarte en las escaleras.

Pases privados, numeración de los modelos, silencios sepulcrales, los desfiles llegaban a durar más de dos horas, la gente se hartaba a fumar y a beber.

Muy restringidos a la prensa para evitar filtraciones y solo compradores acreditados – vigilados para combatir las copias- con obligación de compra al asistir.

Pero la posguerra también trajo el terremoto juvenil y el desplazamiento de la costura a favor del ready to wear. Sustituyendo la clientela privada por los compradores de grandes almacenes y la prensa internacional.

Revolución juvenil, música y ‘happenings’: cambiando la historia de las pasarelas.

Desreglamentación del circuito y sus ‘normas’, nuevos formatos y nuevos rostros de moda. Jungle Jap y los happenings que montaba Kenzo Takada en 1970, son un buen origen de la ideación de la tienda-retail conceptual futura. Ejemplos como Opening Ceremony o Colette, entre otros.

Los desfiles del Chloé de Karl Lagerfeld, revitalizaron las bandas sonoras en la historia de las pasarelas.

El modo de andar y la coreografía de los desfiles, aunado a la frescura de una nueva oleada de maniquíes, que nada tenían que ver con las de salones de Costura.

Las reuniones sociales en tiendas como BIBA de Barbara Hulanicki para presentar los modelos en formato fiesta se convirtieron en eventos deseables y con invitaciones muy codiciadas.

Los desfiles de moda como en espectáculo, el reconocimiento global y el interés de un público cada vez más amplio fueron la clave, además de que la moda se perfilaba como una posible industria de interés mundial.

Espectáculo televisado.

El auge de la TV por cable en los ochenta, la transmisión de eventos internacionales posibilitó que las modas llegasen de forma más rápida, más directa.

El desfile -concierto de Thierry Mugler de 1984, con Pat Cleveland suspendida en el aire bajando sobre un estadio como una aparición. Se vendieron 4,000 localidades. O los desfiles de Claude Montana entre 1983-1984 eran auténticos momentos de moda claves para definir el termómetro social.

El súmmum, con nuevos personajes espectaculares de por medio, el desfile de Otoño Invierno de 1991 de Gianni Versace con Linda, Cindy, Naomi, Christy, contonéandose al ritmo de Freedom 90! de George Michael.

Yves Saint Laurent realizó un desfile de moda retrospectivo con trescientas modelos para el partido final de la Copa Mundial de la FIFA en el Stade de France, Saint-Denis el 12 de julio de 1998.

Novecientas personas ayudaron a organizar el evento de quince minutos, que fue visto por 1.7 mil millones de espectadores internacionales en televisión en vivo.

Un hito de moda, al igual que su desfile de despedida de la costura en el Centro Pompidou de París en el 2002.

A partir de aquí, con la industria engrasada, las capitales de la moda, las revistas, las cámaras de comercio posicionando sus marcas-ciudad, las presentaciones siguieron su ruta evolutiva.

Desfiles statement y performance.

Imaginad, para el primer caso, los desfiles de Tom Ford para Gucci, recreando el mundo Halston, las tangas de cuero unisex, las modelos sudorosas y las blusas escotadas de seda.

No es moda, es una historia y es mi historia diría el de Texas.

Para el segundo, el mejor caso lo ilustra el mítico no-desfile de 1989 de Maison Martin Margiela, en el distrito 20 a las afueras de París.

Sin sitting, el protocolo desterrado, sin iluminación profesional, en un descampado con backstage improvisado alrededor de columpios y juegos infantiles, modelos interactuando con los niños del vecindario y la gente local, todos invitados.

Un momento clave en la historia de las pasarelas que marcó muy bien las divisiones de las disputas creativas en los noventa: el mainstream y lo alternativo.

Los japoneses ya habían dado cátedra (como siempre) una década antes, como por ejemplo cuando Rei Kawakubo presentó en 1981 la colección de jerséis rotos y prendas desestructuradas.

Reclamando la intelectualidad en la moda, Kawakubo evocaba en las piezas un carácter post-atómico, radical y que fue tildado frívolamente como «Hiroshima chic» pero que quedó para la historia como el radical chic de Comme des Garçons.

También, el desfile de 1999 de Alexander McQueen con los brazos robóticos y la intervención artística con spray, en directo, sobre el vestido de Shalom Harlow para el cierre final.

Además de la aparición de la atleta Aimee Mullins y las piernas de madera tallada que dejaron a más de uno sin respiración.

Grandeur visuelle; más es más.

La moda global con retail en plena expansión sucumbió a los despliegues de grandeza visual en los desfiles.Nada intimista, nada personal, el desfile como el gran derroche ostensible.

Recordad que los grupos que empezaban a controlar la moda querían ser, no los mejores, sino los más grandes.

Presupuestos de millones de euros para 10 minutos de desfile se volvieron la regla. Tres diseñadores lideraron el formato.

John Galliano para Dior con algunos de los shows más memorables de los últimos 30 años.

El inspirado en la marquesa Luisa Casati en la Opera Garnier, el del rito nupcial entre personajes freudianos, el teatro kabuki y los club kids o el infame desfile de los “clochards”, por ejemplo.

Los desfiles monumento del Chanel de Lagerfeld, véase: la Place Vendôme, las chaquetas gigantes, los cohetes, los tejados de París, la brasería, el supermercado, el aeropuerto, el león como estatua gigante, los bosques, los mares.

Básicamente todo lo que imaginéis, Lagerfeld lo hizo. También montar en 2007 un desfile de Fendi en la Gran Muralla China junto a Silvia Venturini.

Los desfiles historiados del Louis Vuitton de Marc Jacobs, desfiles donde pasaban cosas.

Gente subiendo a un tren, gente deambulando en un hotel, gente subiendo y bajando escaleras eléctricas. Marchas de enfermeras salidas de un cuadro de Richard Prince cargando bolsos, gente encima de un carrusel, gente con tocados de plumas en la cabeza (en un claro guiño a Helmut Lang) invocando algún conjuro a una fuente negra.

La era de los cheques en blanco y sin límite en la historia de las pasarelas Pero, entonces, llegó la fuerza de Internet y la inmediatez.

The Data Runway.

De pronto ,“clicks & hype”, “romper internet”, “streaming” ,“live”, entraron de lleno en el vocabulario fashionable, y los desfiles comenzaron a ser espectáculos post-modernos, virtuales, sociales y regidos bajo la dictadura de la teoría de redes.

McQueen, visionario como pocos, sentó la base sobre la cual descansaría y evolucionaría el desfile hacia nuestros días.

Su último desfile profetizó y encarnó una hiperrealidad vigente que determina y difumina los límites entre la realidad y la ficción de gigantes tecnológicos como médium.

Plato’s Altantis de 2009, constituye un punto y aparte en la historia de las pasarelas (en realidad siempre opino que fue la entrada de la moda al siglo XXI).

Con el público y el show retransmitido en directo a través de cámaras sobre brazos robóticos. Raquel Zimmermann de fondo en una pantalla de LED, con la colaboración de Nick Knight como ideólogo y anfitrión del streaming por internet a través de Show Studio.

Lady Gaga colapsó el streaming en la web y Twitter literalmente enloqueció, al anunciar el lanzamiento de Bad Romance en el carrusel final del desfile. El primer gran momento viral y de gran eco en blogs, prensa y los submundos de internet.

El resto es historia: clic, clic, clic.

Pensad en Tom Ford y su desfile videoclip de 2016 (con la misma Gaga cantando un cover de Chic ‘I want your love’ y dirigido también por Knight-, que envió directamente a través de un enlace a las redacciones de todo el mundo.

O Riccardo Tisci y su “gang” inundando las redes sociales cuando trabajaba para Givenchy.

El desfile conmemorativo del décimo aniversario del diseñador en la firma de Hubert, se convirtió en un hervidero de smartphones, likes y selfies a orillas del río Hudson.

Por su parte, Hedi Slimane, dando lecciones a París sobre cómo montar un sarao en Los Ángeles.

Con Saint Laurent at the Palladium de 2016, básicamente convirtió un desfile en un concierto de rock, o mejor aún, un festival de música en toda la regla. Hollywood, cantantes y mucho Instagram.

Mundos y modelos virtuales, la siguiente frontera.

¿Hacia dónde se dirigen los desfiles? Es muy pronto para responder el territorio hacia donde se asentarán, por lo menos durante un tiempo.

Vivimos y convivimos con desfiles creados por y para internet o mejor dicho para redes sociales y los ritos presenciales. Los equipos de video filmación, streaming y diseño de sets se han formalizado, conviven los dos mundos, lo físico y lo digital.

Sin embargo, algunas marcas incluso han prescindido directamente de crear desfiles y en su lugar generan comunidad en redes sociales y contenido de marca exclusivo. Pensad en algunas acciones que han hecho Gucci o Jonathan Anderson (tanto para su homónima como para Loewe).

Dicen que un desfile de moda es una fotografía de la realidad en la que nos encontramos.

En aras de una revolución, los mundos virtuales, las modelos y las prendas creadas en 3D con tejidos electrónicos, bien podrían ser los próximos grandes escenarios por los cuales transite la difusión de las modas.

De hecho, diría que ya forma parte del presente y que conviven con formatos e ideas para presentar la moda, desde realidades aumentadas, mundos inmersivos y tecnología de ilusionismo visual.

En moda, el presente es el futuro, y, en honor a este momento, ¿qué importa más, la moda o el médium?

Espero pronto encontrar la respuesta.

Foto destacada: Prada.

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